Del mismo al mismo: Entre los manuscritos de mi amigo Nuño he hallado uno, cuyo título es: Historia heroica de España. Preguntándole qué significaba, me dijo que prosiguiese leyendo, y el prólogo me gustó tanto, que lo copio y te lo remito.

Prólogo. «No extraño que las naciones antiguas llamasen semidioses a los hombres grandes que hacían proezas superiores a las comunes fuerzas humanas. En cada país han florecido en tales o tales tiempos unos varones cuyo mérito ha pasmado a los otros. La patria, deudora a ellos de singulares beneficios, les dio aplausos, aclamaciones y obsequios. Por poco que el patriotismo inflamase aquellos ánimos, las ceremonias se volvían culto, el sepulcro altar, la casa templo; y venía el hombre grande a ser adorado por la generación inmediata a sus contemporáneos, siendo alguna vez tan rápido este progreso, que sus mismos conciudadanos, conocidos y amigos tomaban el incensario y cantaban los himnos. La sequedad de aquellos pueblos sobre la idea de la deidad pudo multiplicar este nombre. Nosotros, más instruidos, no podemos admitir tal absurdo; pero hay una gran diferencia entre este exceso y la ingratitud con que tratamos la memoria de nuestros héroes. Las naciones modernas no tienen bastantes monumentos levantados a los nombres de sus varones ilustres. Si lo motiva la envidia de los que hoy ocupan los puestos de aquéllos, temiendo éstos que su lustre se eclipse por el de sus antecesores, anhelen a superarlos; la eficacia del deseo por sí sola bastará a igualar su mérito con el de los otros.

»De los pueblos que hoy florecen, el inglés es el solo que parece adoptar esta máxima, y levanta monumentos a sus héroes en la misma iglesia que sirve de panteón a sus reyes; llegando a tanto su sistema, que hacen algunas voces igual obsequio a las cenizas de los héroes enemigos, para realzar la gloria de sus naturales. Las demás naciones son ingratas a la memoria de los que las han adornado y defendido. Esta es una de las fuentes de la desidia universal, o de la falta de entusiasmo de los generales modernos. Ya no hay patriotismo, porque ya no hay patria.

Comentario a la Carta XVI de Cartas Marruecas:

Este fragmento forma parte de la Carta XVI de la célebre obra cadalsiana con el título de Cartas Marruecas. Su autor José Cadalso, oriundo de la capital gaditana y de formación jesuítica, estudió en París y en el Real Seminario de Nobles de Madrid. Además viajó por toda Europa y así pudo conocer tantos lugares y costumbres como refleja en la presente obra. Como poeta y soldado, manejó armas y letras, y fue prolífico en sus obras.
Este gran autor ilustrado del siglo XVIII de personalidad un tanto especial, pero tan influyente a su vez en sus contemporáneos, escribió esta obra en Salamanca según nos cuenta él mismo, al menos en su gran mayoría. Esta obra de carácter epistolar consta de noventa cartas entre ellas la que aquí vamos a comentar. Gazel escribe a su amigo marroquí (como él) llamado Ben-Beley. El argumento que encontramos aquí lo ocupa en su gran mayoría el manuscrito de Nuño, en concreto el prólogo. Como bien nos dice el protagonista y escritor de esta carta llamado Gazel halla ‘’entre los manuscritos de mi amigo Nuño’’ el llamado Historia heroica de España. En el prólogo de esta historia que encontramos aquí en parte se trata el tema de la fama, y el trato que los diferentes ‘’hombres grandes’’ reciben por los diferentes países y personas.


Aunque en la mayoría de las cartas es Gazel o el autor de dicha carta el que escribe en primera persona, en este caso encontramos que Gazel sólo escribe en las dos primeras cartas y a continuación el prólogo está puesto como parte de la carta, pero escrito por Nuño, que no es el autor principal de la carta. Así podemos encontrar dos partes y dos autores diferentes en este fragmento. Nuño hará en su prólogo una crítica tanto al exceso de méritos que han hecho ciertos pueblos antiguos, como la dejadez y la desidia que las naciones modernas, excepto el pueblo inglés, ha hecho con sus héroes.

El autor (Nuño en su prólogo) no se asombra de que los países hayan desde siempre alabado los méritos de hombres que han realizado hazañas poco comunes, aunque sí que habla de cómo el patriotismo exagerado esto: ‘’las ceremonias se volvían culto, el sepulcro altar, la casa templo’’. De esta forma todos estos famosos personajes se han convertido en ídolos para muchos de sus compatriotas llegando a convertir el lugar de su reposo en altares donde las religiones adoran y ofrecen sacrificios a sus dioses. Además esto según el autor se hacía con tal rapidez que sus propios ‘’amigos tomaban el incensario y cantaban los himnos’’. Ya no se trata de personajes antiguos idealizados sino que personas conocidas empiezan a ser adorados como dioses.

Hace a continuación una distinción entre los pueblos menos instruidos y antiguos, y aquel grupo más ‘’instruido’’ del que se considera pertenecer el Nuño. Esta diferencia la hace para hacer una crítica entre el ‘’exceso’’ de esos pueblos a la hora de congratularse en sus héroes, y la ‘’ingratitud’’ con la que se está tratando en su época a los personajes más ilustres. Para el autor se daría una diferencia en cuanto a la capacidad de los dos pueblos (‘’naciones antiguas’’ y ‘’naciones modernas’’) de tratas ‘’la memoria de los héroes’’.


Así las naciones antiguas exagerarían y las modernas ‘’no tienen bastantes monumentos levantados a los nombres de sus varones ilustres’’. Esta escasez última la explica a través de una causa, que no es otra que la envidia de aquellos que ocupan el puesto que ocuparon esos héroes, y el miedo de éstos a ser considerados peores y a no poder superar a sus predecesores.
Entre todas las naciones modernas pone como ejemplo paradigmático y a la vez diferente al pueblo inglés. Este pueblo es para Nuño el único capaz de valorar los méritos de sus héroes, y son los únicos con capacidad de levantar suficientes monumentos que incluso puedan hacer sombra a otros ‘’héroes enemigos’’. El pueblo inglés se contrapone con el resto de naciones que son incapaces dar gloria a sus propios héroes teniendo como consecuencia la pérdida del sentimiento patriota: ‘’Ya no hay patriotismo, porque ya no hay patria’’.

Nos encontramos por tanto, como se ha dicho, en un texto epistolar, es decir, en prosa donde predomina por tanto la exposición de un tema, en este caso no es exposición del autor de la carta, sino de Nuño que lo expone en el prólogo de su manuscrito. En la primera parte de la carta habla Gazel en primera persona, como el emisor del mensaje contenido en la carta, con la intención de que su receptor, en este caso su amigo Ben-Beley, se sienta interpelado de cierta forma. Sin embargo, el uso de la primera persona refiriéndose a Gazel se acaba en la segunda línea del fragmento, ya que el uso de la primera persona tras la palabra ‘’Prólogo’’ lo hace Nuño que es el escritor de este prólogo copiado aquí por Gazel. En las dos primeras líneas podemos encontrar un registro más informal con el uso de verbos menos elaborados como gustó tanto y del tuteo como vemos en el uso del pronombre átono en te lo remito.

En cambio, Nuño cuando escribe lo hace de una forma más formal y objetiva, puesto que está intentando hacer una descripción, aunque subjetiva para nosotros en algún aspecto, objetiva para él en casi todo el texto. Este uso formal en esta clara descripción de cómo se ha dado la fama a lo largo del tiempo, lo hace debido a la necesidad de hablar a un interlocutor no conocido por él, para un público quizás más amplio.
Como hemos dicho, el fragmento habla sobre la fama. Es por ello que me gustaría relacionar esta carta con otras dos: la XXVII y XXVIII. En la XXVII Gazel nos habla de una conversación tenida con Nuño, una noche, precisamente sobre la fama póstuma. Lo traigo a colación porque Gazel muestra su incomprensión ante la fama póstuma de la que se habla en este fragmento, y realiza un razonamiento para intentar llegar a una conclusión.
Tras esta carta Ben-Beley le escribe desde marruecos para verificar su razonamiento, pero con un matiz que beneficia la defensa de la fama póstuma: ‘’creo como tú que la fama póstuma de nada sirve al muerto, pero puede servir a los vivos con el estímulo del ejemplo que deja el que ha fallecido. Tal vez éste es el motivo del aplauso que logra’’.

He traído aquí estas dos cartas porque me parecen que reflejan la verdadera reflexión realizada a lo largo de la obra por el poeta, y que nos puede servir también a nosotros como conclusión y reflexión. Sin estas cartas el fragmento que aquí comentamos queda demasiado objetivo y refleja poco el carácter reflexivo y crítico de la obra en general. Ante la imparcialidad aparente del fragmento, como pretende el autor en su introducción, vemos como en realidad sirve para hace una crítica posterior a la nación. Por tanto, el patriotismo que vemos en Nuño, queda más o menos libre del exceso de su ideal de nación. El autor intenta buscar mediante un juicio más crítico y realista los errores de la demasía de su amigo.

Me parece un texto bastante sencillo y claro en su expresión, y a la vez profundo y lleno de cuestiones. La fama era para el mundo del XVIII y es para el mundo postmoderno actual un valor bastante importante, aunque quizá visto desde dos puntos de vista diferente. En el primer caso la fama póstuma aseguraba el futuro de la persona fallecida, mientras que la actual la fama se busca desde un punto de vista más utilitarista y hedonista. No interesa el futuro sino el presente, donde la persona busca la fama por un fin económico para su bienestar personal. Es por eso que debemos siempre preguntarnos y leer sobre estos temas, con el fin de poder como el autor no dejarnos guiar por idealismos e ideologías y tratar de buscar críticamente la verdad más razonable y auténtica para nuestra vida.

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